El Nacional

La industria del plástico en Centroamérica busca abrirse un camino verde

Las diversas empresas que trabajan con el plástico están experimentando con resinas recicables o con materiales biodegradables, para cambiar y adaptarse a nuevas exigencias del mercado y el consumidor.

Cada vez que un usuario visita un supermercado, un actor predominante es el plástico. Desde los empaques al vacío usados para el manejo de carnes, embutidos o lácteos, pasando por las botellas de agua o gaseosas, las bolsas de los snacks, los adornosde temporada, recipientes para helado e incluso las mismas bolsas en las que se despachan las compras del día, todos son productos hechos con algún tipo de plástico, un material que se erige como protagonista de la vida moderna.

Desde su descubrimiento a finales del 1800 y de su perfeccionamiento -y exponencial crecimiento- desde 1900, el uso de resinas plásticas redefinió a la economía y prácticamente la moldeó a diversas necesidades e industrias, crecimiento que también generó un problema: la contaminación, una cuestión que muchos países buscan reducir mediante regulaciones en algunos casos y prohibiciones en otros.

Centroamérica no escapa a esta tendencia. Costa Rica y Panamá avanzan hacia marcos regulatorios que prohibirán al llamado “plástico de un solo uso”, mientras en Guatemala hay un choque de opiniones entre el gobierno saliente de Jimmy Morales y el del presidente electo Alejandro Giammattei, donde el primero aboga por su prohibición paulatina, mientras que el segundo valora detener la iniciativa desde el primer día de su mandato, el próximo 14 de enero de 2020.

¿Pero qué pasa con la industria regional? En Centroamérica, ésta tiene un peso importante para economías como la salvadoreña, donde las empresas del sector ven con atención los cambios en la percepción de los usuarios y de los marcos regulatorios.

En 2018, la industria del plástico generó exportaciones por un valor de US$392 millones en El Salvador y tiene previsiones de crecimiento por el orden del 4% para el cierre de 2019, cifras que la colocan como el tercer rubro más importante (por exportaciones) del sector industrial.

De acuerdo con datos oficiales, genera alrededor de 10.000 empleos directos en El Salvador y entre 75.000 y 80.000 de forma indirecta. Sin embargo, se encuentra en el ojo público. “El plástico es un material maravilloso, no es un material muy antiguo y no podemos vivir ni un día sin él”, sentencia Ricardo Morán, presidente de la Asociación Salvadoreña de la Industria del Plástico (Asiplastic), una gremial que reune a 92 empresas, entre fabricantes de empaques, recicladoras y proveedores de maquinaria.

“Nuestra industria es líder exportadora en el área de Centroamérica”, añade Morán, quien recalca que “todos convivimos con el plástico a diario”. “Reconocemos que existe un problema de contaminación mundial, pero es de todo tipo de materiales: sólidos y no sólidos. Como industria reconocemos y reciclamos todos los desechos de nuestro proceso, por lo tanto ya es una industria limpia y ejemplar”, agrega.

Las medidas en marcha dan claridad de que hay un cambio incipiente en cuanto a la relación de la humanidad con el material, el cual abre una nueva frontera: la de investigación y desarrollo para fabricar productos con resinas reciclables o con materiales biodegradables. el reto de innovar Alex Torres, jefe de Innovación y Desarrollo para Centroamérica, Caribe y Suramérica de Carvajal Empaques, explicó a E&N que el cambio no es espontáneo y que la industria lleva años buscando soluciones y nuevas fórmulas para fabricar sus productos acorde a la nueva realidad. “Nosotros, hace unos cinco años, nos pusimos en alerta de lo que estaba pasando en torno a la sostenibilidad.

Luego empezamos a ver qué podíamos hacer y comenzamos a desarrollar alternativas”, dice el ejecutivo de una multinacional que espera migrar toda su producción a materiales biodegradables desde 2021.

Torres sostiene que en materiales como el PET (usado para fabricar botellas como en las que se dispensan gaseosas o agua) está “perfectamente claro” en cómo es el reciclaje. Sin embargo, este material es solo uno de una larga lista de productos que comúnmente llamamos “plástico” y que están en el uso diario de millones de personas.

“Vimos que no todo se puede hacer en PET, por ejemplo, las cosas calientes no se pueden verter en él, no los soporta, decidimos empezar a investigar, y hace unos dos años vimos al cartón, a la pulpa de papel”, explica.

Carvajal Empaques tiene una fábrica de pulpa en Colombia, pero Torres insiste en que ésta es una solución parcial y que tiene como principal escollo el costo. “En cartón, los costos se elevan el doble y triple, y en la pulpa se sube hasta cinco veces”, dice.

Lejos de ser obstáculos para impulsar la innovación el sector va firme en la búsqueda de alternativas, Carvajal Empaques, de hecho, está lanzado al mercado productos biodegradables, mientras se buscan aditivos y fibras para una nueva generación de empaques y cumplir con su objetivo en 2021.

Cambio de paradigma

Termoencogibles, una de las compañías líderes del sector en El Salvador, también trabaja en redirigir su industria, abriendo un camino hacia la sostenibilidad y el desarrollo de nuevos productos, plan que sustenta en un modelo de economía circular.

La empresa busca hacer del negocio un modelo de economía circular. Apuesta por una ambiciosa ruta que incluye impulsar el reciclaje a mayor escala, construir viviendas con bloques de plástico reciclado y fabricar nuevos productos para uso cotidiano, pero partiendo del uso de materiales bio basados y bio degradables (no de petroderivados), plan que esperan impacte en la producción agrícola local.

Plástico hecho dinero

La costarricense Karla Chaves, directora del programa eCoins, impulsa la adopción de incentivos para impulsar el reciclaje.

Chaves dice que la iniciativa es la evolución del programa tico eColones, que nació el año pasado, y que premia los esfuerzos de las personas al reciclar.

La plataforma está en proceso de expansión a 12 países y estará en forma en El Salvador antes de fin de año. La ejecutiva explicó que el programa de lealtad se sustenta en tres pasos: separar los residuos correctamente, llevarlos a un centro de acopio y luego se pueden canjear por descuentos y promociones en distintos comercios.

El Salvador es el tercer país donde se estrena la plataforma, después de Costa Rica y Panamá (donde comenzaron hace dos meses). La misma ya tiene más de 50.000 afiliados y más de 100 empresas participando. Solo en Costa Rica tienen el apoyo de 24 municipios y 250 centros de acopio, los que parten de un principio de asocio público y privado en favor del ambiente.

Casas de interés social hechas de plástico

La salvadoreña Termoencogibles trabaja en una alianza con la colombiana Conceptos Plásticos, un emprendimiento social que ha hecho posible que los residuos plásticos se conviertan en viviendas.

Isabel Cristina Gámez, cofundadora y CEO de la empresa, explicó que el modelo se sustenta a partir del trabajo con recicladores, dignificando su labor e involucrando plásticos de distinta composición, los cuales son procesados y convertidos en ladrillos.

“Dignificamos y generamos oportunidades de trabajo”, explica Gámez, que detalla que el proceso de armado de las casas es como el de un modelo de “lego”. Añadió que para una vivienda de 50 m2, se requiere de cuatro personas, quienes pueden ser capacitados en cuatro horas, y que pueden terminar la edificación tras cinco días de trabajo.

La iniciativa es impulsada en Centroamérica por Termoecongibles que busca que el modelo logre ser adoptado para proyectos de vivienda de interés social. Según certificaciones de Conceptos Plásticos las edificaciones construidas con estos materiales tienen propiedades sismos resistentes y no son inflamables.

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